martes 28 de febrero de 2012

EL AMOR LIBERA

Tenemos que entablar la guerra más difícil:
la guerra contra uno mismo.
Hay que llegar al desarme de sí mismo.
he mantenido esta guerra durante años.
Fue duro, pero ahora estoy desarmado.


Ya no temo a nada, pues el Amor libera del miedo.
Estoy desarmado de mi deseo de tener razón,
de justificarme despreciando a los demás.


Ya no me siento inquieta,
en angustiada crispación por mis riquezas.
Doy asilo y comparto.


No estoy atado a mis ideas y a mis deseos.
Si se me ofrece algo mejor, o mejor dicho algo bueno,
lo acepto sin arrepentirme.
He renunciado alas comparaciones.
Por eso ya no tengo miedo.
Si nos desarmamos, si nos desprendemos de todo,
si nos abrimos al Dios-Hombre,
que renueva todas las cosas, entonces,
Él borrará el oscuro pasado y nos dará
un Tiempo nuevo, en el que todo es posible.


Atenágoras, Patriarca ortodoxo de Constantinopla

lunes 27 de febrero de 2012

SALMO


Vamos al desierto y nos encontramos con muchas cosas.

Lo nuestro es llenarnos de cosas.
Nos aseguramos teniendo
Nos aseguramos poseyendo.
Vamos al desierto y nos damos cuenta de que así, con tantas cosas,
es imposible caminar.


Nos sobra de todo,
nos sobra todo, porque poseemos
y vamos por la vida con lo que no es importante.
Y nos quedamos sin alegría,
y nos quedamos sin canto,
y nos quedamos sin vida,
y nos quedamos sin aliento,
nosotras que somos vivientes
desde que Dios echó su aliento en nosotras.


Este es el desierto que tanto tememos.
No es que se más largo el desierto que los demás caminos.
Es que en el desierto la verdad es más desnuda y nos exige podas interiores.
Dios nos lleva al desierto y nos da miedo.
Y nos dan ganas de dejarlo todo plantado.


Si vamos al desierto y recorremos el desierto
tendremos la verdad más cerca, pocas cosas en las manos
y la promesa y el futuro entero en el corazón.
Porque en el desierto siempre hay un camino,
siempre hay una fuente que mana agua de vida,
siempre hay una palabra buena, siempre hay un Dios que espera.


El desierto invita a ir más allá, a salir de la rutina.
En el desierto hay que roturar el futuro. Hay que andar a la intemperie.
Hay que atravesar el miedo de la noche.
Más allá, sí, aquí, donde nos hemos estancado,
patinamos y patinamos sin recorrer el camino.
Así no vamos a la tierra nueva.



La Cuaresma es el camino que nos lleva más allá, a la tierra de la libertad.
El camino de salir de nosotras mismas,
el camino de descentrarnos
y de hacer del hermano y la hermana nuestro centro.
Más allá nos espera la vida verdadera.
Y sólo la podemos alcanzar si atravesamos el desierto.


Nadie atraviesa el desierto solo.

En medio de un pueblos innumerable,
contigo a la cabeza, yo camino.


El esclavo todavía vive en mí.
Cada paso me aleja más de los faraones,
pero me persiguen ahora desde mis heridas.


Sin agua, la fe tiene sabor a muerte.
con todo el pueblo comparto la alegría
que brota gratuita de la roca estéril.


Los becerros de oro seducen en la noche.
Nadie girando alrededor de un ídolo
puede llegar a la tierra libre.


Nos acechan asaltantes con la espada o la palabra.
Pero la que ha luchado contra el desierto
también es fuerte contra los ladrones.


Detrás de mi encuentro contigo hay un pueblo.
Moisés condujo el pueblo hasta el Sinaí,
pero el pueblo lo llevó dentro de sí.


Tu promesa es inagotable.
Siempre que poseemos algo con codicia,
se vacía y nos pone en camino al horizonte.


Nuestros pies ya pisan la tierra prometida.
Pero los que crearon la ruta del desierto
tienen que crear ahora la justicia sin descanso.

domingo 26 de febrero de 2012

SALMO DE BÚSQUEDA

Mi corazón, Señor, se siente insatisfecho. Yo busco libertad y amor;
busco verdad y belleza; busco la paz y la justicia... y mi corazón no te encuentra.
Recuerdo otros momentos, en los que mi corazón llegaba hasta ti como la ola a la
playa. Recuerdo cuando mi corazón era puro y cantos de júbilo y fiesta se
levantaban desde dentro de mí hacia ti.

Y ahora, Señor, quiero desahogarme y no puedo mi corazón se angustia; me siento
perdido. He perdido la paz del corazón, y la alegría no siempre me acompaña. No
puedo decir de verdad: soy feliz. Con todo, yo espero en ti.

Tú volverás a ser el manantial de mi vida y mi corazón volverá a sentirte cercano.

Tú eres, la luz de mi rostro, Señor.
Caminaré de día hacia ti, buscando tu misericordia. Y de noche proclamaré que eres el Dios de mi vida.

Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta ti, que eres el Origen de mi vida. Quiero que tú seas mi morada, que seas el Dios de mi gozo y de mi alegría. Te doy gracias con el corazón, Dios mío.

Señor, que mi corazón no se deprima ni se angustie. Señor, yo espero en ti, pues eres mi Dios. Te busco sediento, como la cierva el manantial. Te busco porque tú eres la Verdad de mi verdad, y el Amor de mi amor y la Belleza de mi belleza, y la Libertad de mi libertad. Te busco a ti, Señor de mi vida.

sábado 25 de febrero de 2012

“Jesús es tentado“

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,12-15):

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.

Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Palabra del Señor


Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Marcos (1,12-15)


ES POSIBLE CAMBIAR
HOMILÍA DEL MIÉRCOLES DE CENIZA DE JOSÉ ANTONIO PAGOLA
Podemos decir que todo el mensaje de Jesús es una llamada al cambio. Algo nuevo se ha puesto en marcha con su venida. Dios está cerca. Su reinado de justicia, libertad y fraternidad comienza a abrirse camino entre los hombres. Desde ahora mismo, hay que creer en esta buena noticia. Hay que reaccionar y vivir de manera nueva, como hijos de un mismo Padre, como hermanos de todos los hombres.
Se nos pide dar un paso decisivo. Creer desde el fondo de nuestro ser que somos hijos de un Padre, y que nuestra felicidad y nuestro último destino es vivir como hermanos,
No se trata de corregir un determinado defecto o arrepentimos de un pecado concreto. Se nos invita a pasar de la increencia a la fe, de la pereza a la decisi6n, de la soledad a la amistad con Dios, del egoísmo al amor, de la defensa de mi pequeña felicidad a la solidaridad más radical.
Se nos llama a despertar todas las posibilidades que se encierran en cada uno de nosotros. Se nos anima a reavivar la capacidad de generosidad, desinterés y fraternidad adormecidas quizás en nuestro ser.
A veces los cristianos hemos olvidado que la fe es una llamada a crecer como personas, un estímulo a crear siempre una vida más humana. Dietrich Bonhoeffer combatía apasionadamente esa religión estéril y vacía de quienes se conforman con cualquier injusticia propia o ajena, porque, en definitiva, ya se han resignado hace tiempo, y viven esta vida sólo con la mitad de su corazón.
Siempre nuestra vida puede volver a empezar. Nunca estamos perdidos del todo. Podemos conocer de nuevo la alegría interior. Somos capaces de volver a amar con desinterés.
Sólo es necesario escuchar la llamada del Dios vivo que está resonando ya en nuestro «ser interior», es decir, en esa capacidad de escucha y de respuesta que llevamos todos en nosotros mismos, quizás sin sospecharla apenas.
Los hombres y mujeres que escuchan esta llamada comprenden que ya no podrán vivir como antes. Ese Dios que no era hasta entonces sino un desconocido o una amenaza, se les ha desvelado.
Ahora saben algo nuevo y que hoy ya apenas nadie sospecha. Que Dios es fuerza y alegría para cada una de las personas. Que Dios es la mejor noticia que una persona puede escuchar.

viernes 24 de febrero de 2012

jueves 23 de febrero de 2012

miércoles 22 de febrero de 2012

DNI para la Cuaresma

Hace más de veinte siglos unos hombres escogieron el poder para humillar a Jesús, la violencia para colgarle de una cruz… Hoy, 2.000 años después, la mayoría de los que nos declaramos cristianos hemos escogido la indiferencia para que Jesús no trastoque demasiado nuestras vidas…

Te invito a que en este tiempo de cuaresma revises tu vida como cristiano, como discípulo de Cristo. Este DNI que, a continuación, te muestro, te ayudará a recorrer con Jesús el camino del Calvario… Sólo así, podrás, unos días después, reconocerle en el camino de Emaús y gozar para siempre de su compañía.

Conviértete. De corazón. No te preocupes por la fachada, por el envoltorio. Jesús te conoce de sobra; no intentes engatusarle con “penitencias de todo a cien.” Rasga tu corazón, no tus vestiduras.

Ubícate. Utiliza para tal fin “el GPS de los evangelios.” En especial, el pasaje de Lucas (4,1-13). Acude al desierto donde te esperan un montón de dudas, de tentaciones… Pero no te des a la fuga, Jesús no te dejará solo, si confías en Él, saldrás victorioso.

Ayuna. Levántate todos los días con hambre de justicia. Acude a tu trabajo con hambre de solidaridad. Relaciónate con tus hermanos con hambre de fraternidad. Acoge las pruebas y los sinsabores con hambre de fe y acuéstate al finalizar la jornada con hambre de Dios. Ya verás como acabarás dándote “un atracón” de amor, de Amor del bueno.

Reza. Cierra las puertas de la desidia, de los ruidos, de las prisas, del “cumpli-miento.” Y, ahí, en lo escondido, en el interior de tu corazón ama, ora y habla a Dios de los hombres y a los hombres de Dios; pues nada sabe de oración el que no ama y nada sabe de amor el que no ora.

Escucha. Precisamente porque Dios te ha dado una boca y dos oídos, escucha el doble de lo que hablas. Pon “a cuarentena” tu lengua y escucha la hermosa melodía que Dios, a través de las ondas de tus hermanos, pone todos los días en tu corazón.

Santifícate. Dios, a través de este tiempo de gracia, te envía un mensaje: “La cruz es ante todo una declaración de amor.” A pesar de que haya gente a tu alrededor que siga prefiriendo un cristianismo de butaca, tú apuesta por un cristianismo de cruz. Recuerda que una persona santa no es aquella que nunca cae, sino la que siempre se levanta.

Mira. A tu alrededor. No es la cuaresma un tiempo para caminar solo. A tu lado, Jesús sigue cayendo una y otra vez bajo el peso de la cruz. Sólo los que tienes ojos pueden ver las necesidades de los otros y convertirse en cireneos de tantas personas que siguen recorriendo el camino del Calvario un día sí y otro también.

Ama. Pues sin amor despídete de entender a Dios, porque Él es eso, precisamente Amor. Combate las dudas, los fracasos, las cruces, el dolor... a base de amor. No olvides que si sufriendo se aprende a amar, amando se aprende a sufrir. Si amas, la Pascua, la resurrección, la dicha de un Dios-Amor brotará, y de qué forma, en tu vida y en la de tus hermanos… ¡Haz la prueba!

Fuente: Reflejo de luz

CUARESMA 2012: APRENDE A LLEVAR TU CRUZ

sábado 18 de febrero de 2012

Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,1-12):


Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.

Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados quedan perdonados.»

Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?»

Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico “tus pecados quedan perdonados” o decirle “levántate, coge la camilla y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados…»

Entonces le dijo al paralítico: «Contigo hablo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.»

Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual.»


Palabra del Señor


Evangelio Comentado por:

José Antonio Pagola
Marcos (2,1-12)


CURADOR DE LA VIDA

Jesús fue considerado por sus contemporáneos como un curador singular. Nadie lo confunde con los magos o curanderos de la época. Tiene su propio estilo de curar. No recurre a fuerzas extrañas ni pronuncia conjuros o fórmulas secretas. No emplea amuletos ni hechizos. Pero cuando se comunica con los enfermos contagia salud.

 
Los relatos evangélicos van dibujando de muchas maneras su poder curador. Su amor apasionado a la vida, su acogida entrañable a cada enfermo, su fuerza para regenerar lo mejor de cada persona, su capacidad de contagiar su fe en Dios creaban las condiciones que hacían posible la curación.

Jesús no ofrece remedios para resolver un problema orgánico. Se acerca a los enfermos buscando curarlos desde su raíz. No busca solo una mejoría física. La curación del organismo queda englobada en una sanación más integral y profunda. Jesús no cura solo enfermedades. Sana la vida enferma.
Los diferentes relatos lo van subrayando de diversas maneras. Libera a los enfermos de la soledad y la desconfianza contagiándoles su fe absoluta en Dios: “Tú, ¿ya crees?”. Al mismo tiempo, los rescata de la resignación y la pasividad, despertando en ellos el deseo de iniciar una vida nueva: “Tú, ¿quieres curarte?”.


No se queda ahí. Jesús los libera de lo que bloquea su vida y la deshumaniza: la locura, la culpabilidad o la desesperanza. Les ofrece gratuitamente el perdón, la paz y la bendición de Dios. Los enfermos encuentran en él algo que no les ofrecen los curanderos populares: una relación nueva con Dios que los ayudará a vivir con más dignidad y confianza.

Marcos narra la curación de un paralítico en el interior de la casa donde vive Jesús en Cafarnaún. Es el ejemplo más significativo para destacar la profundidad de su fuerza curadora. Venciendo toda clase de obstáculos, cuatro vecinos logran traer hasta los pies de Jesús a un amigo paralítico.


Jesús interrumpe su predicación y fija su mirada en él. ¿Dónde está el origen de esa parálisis? ¿Qué miedos, heridas, fracasos y oscuras culpabilidades están bloqueando su vida? El enfermo no dice nada, no se mueve. Allí está, ante Jesús, atado a su camilla.


¿Qué necesita este ser humano para ponerse en pie y seguir caminando? Jesús le habla con ternura de madre: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Deja de atormentarte. Confía en Dios. Acoge su perdón y su paz. Atrévete a levantarte de tus errores y tu pecado. Cuántas personas necesitan ser curadas por dentro. ¿Quién les ayudará a ponerse en contacto con un Jesús curador?




viernes 17 de febrero de 2012

Haznos, Señor, una comunidad alegre

Señor Jesús, danos una comunidad abierta,
confiada y pacífica,
invadida por el gozo de tu Espíritu Santo.


Una comunidad entusiasta,
que sepa cantar a la vida,
vibrar ante la belleza,
estremecerse ante el misterio
y anunciar el reino de tu amor.
Que llevemos la fiesta en el corazón
aunque sintamos la presencia del dolor
en nuestro camino, porque sabemos,
 Cristo resucitado, que tú has vencido el dolor y la muerte.

 
Que no nos acobarden las tensiones
ni nos ahoguen los conflictos
que puedan surgir entre nosotras,
porque contamos –en nuestra debilidad-
con la fuerza creadora de tu Espíritu.
Regala, Señor, a esta familia tuya,
una gran dosis de buen humor
para que sepa desdramatizar las situaciones difíciles
y sonreír abiertamente a la vida.


Haznos expertos en deshacer nudos y en romper cadenas
en abrir surcos y en arrojar semillas,
en curar heridas y en mantener viva la esperanza.


Y concédenos ser, humildemente,
en un mundo abatido por la tristeza,
testigos de la verdadera alegría.