miércoles 8 de julio de 2009
martes 7 de julio de 2009
Encontrarse con Dios
El ermitaño en la oración oyó claramente la voz de Dios. Le invitaba a acudir a un encuentro especial con Él. La cita era para el atardecer del día siguiente, en la cima de una montaña lejana.
Temprano se puso en camino, y se encontró a varios campesinos ocupados en intentar controlar y apagar un incendio declarado en el bosque cercano, que amenazaba las cosechas, y hasta las propias casas de los habitantes. Reclamaron su ayuda porque todos los brazos eran pocos. Sintió la angustia de la situación y el no poder detenerse a ayudarles. No debía llegar tarde a la cita y, menos aún, faltar a ella. Así que con una oración que el Señor les socorriera, apresuró el paso, ya que había que dar un rodeo a causa del fuego.
Tras ardua ascensión, llegó a la cima de la montaña, jadeante por la fatiga y la emoción. El sol comenzaba su ocaso ; llegaba puntual por lo que dio gracias al cielo en su corazón.
Anhelante esperó, mirando en todas las direcciones. El Señor no aparecía por ninguna parte. Por fin descubrió, visible sobre una roca, algo escrito:
- “Dispénsame, estoy ocupado ayudando a los que sofocan el incendio”.
Entonces comprendió dónde debía encontrarse con Dios.
Temprano se puso en camino, y se encontró a varios campesinos ocupados en intentar controlar y apagar un incendio declarado en el bosque cercano, que amenazaba las cosechas, y hasta las propias casas de los habitantes. Reclamaron su ayuda porque todos los brazos eran pocos. Sintió la angustia de la situación y el no poder detenerse a ayudarles. No debía llegar tarde a la cita y, menos aún, faltar a ella. Así que con una oración que el Señor les socorriera, apresuró el paso, ya que había que dar un rodeo a causa del fuego.
Tras ardua ascensión, llegó a la cima de la montaña, jadeante por la fatiga y la emoción. El sol comenzaba su ocaso ; llegaba puntual por lo que dio gracias al cielo en su corazón.
Anhelante esperó, mirando en todas las direcciones. El Señor no aparecía por ninguna parte. Por fin descubrió, visible sobre una roca, algo escrito:
- “Dispénsame, estoy ocupado ayudando a los que sofocan el incendio”.
Entonces comprendió dónde debía encontrarse con Dios.
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Cuentos
La mancha de tinta
Una vez un maestro estaba dando clase a sus alumnos. Aquella mañana quería ofrecerles una lección distinta a las que vienen en los libros. Después de pensar un poco ideó la siguiente enseñanza:
Hizo una mancha de tinta china en un folio blanco de papel. Reclamó la atención de los alumnos y alumnas y les preguntó:
- “¿Qué veis?”
- “Una mancha negra”, respondieron a coro.
- “Os habéis fijado todos y todas en la mancha negra que es pequeña”, replicó el maestro, “y nadie ha visto el gran folio blanco que es mucho mayor.”
Hizo una mancha de tinta china en un folio blanco de papel. Reclamó la atención de los alumnos y alumnas y les preguntó:
- “¿Qué veis?”
- “Una mancha negra”, respondieron a coro.
- “Os habéis fijado todos y todas en la mancha negra que es pequeña”, replicó el maestro, “y nadie ha visto el gran folio blanco que es mucho mayor.”
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Cuentos
jueves 2 de julio de 2009
Cargar las piedras
Hu-Ssong propuso a sus discípulos el siguiente relato:
- "Un hombre que iba por el camino tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra. Igualmente la cargó. Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar. ¿Qué piensan ustedes de ese hombre?"
- "Que es un necio", respondió uno de los discípulos. "¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?"
Dijo Hu-Ssong:
- "Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos. Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro."
- "Un hombre que iba por el camino tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra. Igualmente la cargó. Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar. ¿Qué piensan ustedes de ese hombre?"
- "Que es un necio", respondió uno de los discípulos. "¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?"
Dijo Hu-Ssong:
- "Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos. Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro."
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Cuentos
El loco
En el jardín de un hospicio conocí a un joven de rostro pálido y hermoso, allí internado.
Y sentándome junto a él sobre el banco, le pregunté:
- “¿Por qué estás aquí?”
Me miró asombrado y respondió:
- “Es una pregunta inadecuada; sin embargo, contestaré. Mi padre quiso hacer de mí una reproducción de sí mismo; también mi tío. Mi madre deseaba que fuera la imagen de su ilustre padre. Mi hermana mostraba a su esposo navegante como el ejemplo perfecto a seguir. Mi hermano pensaba que debía ser como él, un excelente atleta. Y mis profesores, como el doctor de filosofía, el de música y el de lógica, ellos también fueron terminantes, y cada uno quiso que fuera el reflejo de sus propios rostros en un espejo. Por eso vine a este lugar. Lo encontré más sano. Al menos puedo ser yo mismo.”
Enseguida se volvió hacia mí y dijo:
- “Pero dime, ¿te condujeron a este lugar la educación y el buen consejo?”
- “No, soy un visitante”, respondí.
- “¡Oh”, añadió él, “tú eres uno de los que vive en el hospicio del otro lado de la pared!”
Gibrán Khalil Gibrán
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Cuentos
lunes 29 de junio de 2009
viernes 26 de junio de 2009
miércoles 24 de junio de 2009
Vendedor de Semillas
Un joven soñó que entraba en un supermercado recién inaugurado y, para su sorpresa, descubrió que Jesucristo se encontraba atrás del mostrador. -¿Qué vendes aquí?- le preguntó.
-Todo lo que tu corazón desee- respondió Jesucristo.
Sin atreverse a creer lo que estaba oyendo, el joven emocionado se decidió a pedir lo mejor que un ser humano podría desear: -Quiero tener amor, felicidad, sabiduría, paz de espíritu y ausencia de todo temor -dijo el joven- Deseo que en el mundo se acaben las guerras, el terrorismo, el narcotráfico, las injusticias sociales, la corrupción y las violaciones a los derechos humanos. Cuando el joven terminó de hablar, Jesucristo le responde: -Amigo, creo que no me has entendido.
Aquí no vendemos frutos; solamente vendemos semillas. “Convierte en frutos las semillas que hay en ti”.
-Todo lo que tu corazón desee- respondió Jesucristo.
Sin atreverse a creer lo que estaba oyendo, el joven emocionado se decidió a pedir lo mejor que un ser humano podría desear: -Quiero tener amor, felicidad, sabiduría, paz de espíritu y ausencia de todo temor -dijo el joven- Deseo que en el mundo se acaben las guerras, el terrorismo, el narcotráfico, las injusticias sociales, la corrupción y las violaciones a los derechos humanos. Cuando el joven terminó de hablar, Jesucristo le responde: -Amigo, creo que no me has entendido.
Aquí no vendemos frutos; solamente vendemos semillas. “Convierte en frutos las semillas que hay en ti”.
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Cuentos
Siete requisitos de la felicidad
La suficiente FE para reconocer la realidad de la presencia de Dios en mi corazón.
La suficiente ESPERANZA para apartar el miedo y la preocupación del futuro.
La suficiente PACIENCIA para trabajar hasta el final en cada cosa que haga.
El suficiente VALOR para reconocer mis faltas y saberlas corregir.
Las suficientes FUERZAS para afrontar las dificultades y superarlas.
Los suficiente RECURSOS para poder satisfacer mis necesidades.
La suficiente SALUD para que el trabajo me sea un placer.
Autor: Göethe
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Cuentos
Come tú mismo la fruta
En cierta ocasión se quejaba un discípulo a su Maestro:
- Siempre nos cuentas historias, pero nunca nos revelas su significado
El Maestro le replicó:
- ¿Te gustaría que alguien que te ofreciera fruta, la masticara antes de dártela?"
Nadie puede descubrir el significado en tu lugar. Ni siquiera el Maestro.
- Siempre nos cuentas historias, pero nunca nos revelas su significado
El Maestro le replicó:
- ¿Te gustaría que alguien que te ofreciera fruta, la masticara antes de dártela?"
Nadie puede descubrir el significado en tu lugar. Ni siquiera el Maestro.
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Cuentos
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