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miércoles, 22 de agosto de 2018

Tratando con la envidia


Cuenta una fábula que en cierta ocasión una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía muy rápido y llena de miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir en su intento de alcanzarla.

La luciérnaga pudo huír durante el primer día, pero la serpiente no desistía, dos días y nada, al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga detuvo su agitado vuelo y le dijo a la serpiente: ¿Puedo hacerte tres preguntas?

No acostumbro conceder deseos a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar, respondió la serpiente.

Entonces dime: ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

¡No!, contestó la serpiente.

¿Yo te hice algún mal?
¡No!, volvió a responder su cazadora.

Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?

¡Porque no soporto verte brillar!, fue la última respuesta de la serpiente.

Muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones donde nos preguntamos:
¿Por qué me pasa esto si yo no he hecho nada malo?
Sencillo... porque hay algunos(as) que no soportan verte brillar.

La "envidia" es uno de los peores sentimientos que podemos tener.
El hecho de que envidien tus logros, tu éxito, etc., ¡que envidien verte brillar! te va a afectar en más de una ocasión, pero cuando esto pase, ¡no dejes de brillar!, continúa siendo tú mismo(a), sigue
dando lo mejor de ti, sigue haciendo lo mejor, no permitas que te lastimen, no permitas que te hieran...¡sigue brillando y no podrán tocarte!, porque tu luz seguirá intacta, porque siempre habrá quien te apoye, porque tu huella permanecerá, porque el recuerdo de lo que fuiste e hiciste quedará, ¡pase lo que pase!

lunes, 20 de agosto de 2018

Cuentos Misioneros "El viejo lobo y el león"


Un día ví un viejo lobo en la boca de una cueva excavada en la montaña. El pobre animal, apenas si podía moverse. Me pregunté entonces ¿Cómo haría el viejo lobo para sobrevivir si no podía salir a buscar alimento?". Y me quedé largo rato mirándolo. Pasado un rato, vi aparecer entre los matorrales a un león que traía un cabrito muerto entre sus fauces, depositarlo junto al lobo, y marcharse en silencio, tal como había llegado.

Entonces me admiré de la sabiduría de Dios, que había puesto a ese león en el camino del lobo herido para que día a día lo alimentase.

Y decidí yo también abandonarme a la misericordia de Dios. Me recosté entonces en la boca de una cueva, confiado en la providencia divina que no tardaría en acercarme alimento. Pero pasaron los días, y nada ocurría. ¡Paciencia!- me dije- ¡Que se haga, Señor tu voluntad!

Días después, ya casi desfallecía de hambre, cuando escuché la voz de Dios que me decía: "¡Insensato! ¿Qué haces ahí tirado esperando que alguien venga a alimentarte? ¡Tú eres un león, no un lobo viejo!"

sábado, 18 de agosto de 2018

Cuentos Misioneros "El barril de vino"


"Cierto día se organizó en el pueblo una gran fiesta. Todo estaba preparado para el gran evento. En la plaza del pueblo habían construido un gran barril para el vino. Se habían puesto todos de acuerdo en que cada uno iba a llevar una botella de vino para verterla en el gran barril, y así disponer de abundante bebida para la fiesta.

Se acercaba la noche, y Juan, viendo que llegaba la hora de partir hacia la plaza, tomó su botella vacía para llenarla con vino de su barril. Pero de pronto lo asaltó un pensamiento: "Yo soy muy pobre, y para mí es un sacrificio muy grande comprar el poco vino que hay en mi casa. ¿Por qué tengo que llevar igual que todos los demás? Voy a hacer una cosa: llenaré mi botella con agua, y cuando llegue a la plaza la verteré en el barril, así todos verán que hago mi aporte, y no vaciaré mi barril de vino. De todos modos somos muchos, y mi poquitito de agua se mezclará con el vino de los demás y nadie notará la falta".

Así lo hizo. Llegada la noche, se acercó ante la vista de todos los vecinos y vació el contenido de su botella en el barril de la plaza. Nadie sospechó nada. Todo el resto del pueblo fue aportando su parte de vino en el gran barril.

Comenzó la fiesta, la música, la danza. Y cuando llegó la hora de servir el vino ¡oh sorpresa! Abrieron la canilla del barril y... ¡salió solamente agua cristalina!. ¿Quién iba a pensar que a todos se les iba a ocurrir pensar lo mismo que Juan? Y todos los del pueblo, avergonzados, agacharon la cabeza y se retiraron a sus casas. Y la fiesta se terminó."

En la tarea misionera todos aportamos nuestro granito de arena y, por pequeño que parezca nuestro aporte, es importante. Todos tenemos un papel que jugar en la tarea evangelizadora, pequeño o grande, pero el nuestro, y nadie puede hacerlo por nosotros.

lunes, 23 de julio de 2018

Una lección de vida


Fue mi primera lección en la Facultad de Derecho

Una mañana cuando nuestro nuevo profesor de "Introducción al Derecho" entró en la clase lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila: 
- ¿Cómo te llamas?

- Me llamo Juan, señor.
- ¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más! (gritó el desagradable profesor).  
Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió de la clase. Todos estábamos asustados e indignados pero nadie dijo nada.
- Está bien. ¡Ahora sí! ¿Para qué sirven las leyes?...
Seguíamos asustados pero poco a poco comenzamos a responder a su pregunta:
- "Para que haya un orden en nuestra sociedad"  
- "¡No!" (contestaba el profesor)
- "Para cumplirlas"
- "¡No!"  
- "Para que la gente mala pague por sus actos"
- "¡¡No!! ¿Pero es que nadie sabrá responder esta pregunta?!"... 
- "Para que haya justicia", (dijo tímidamente una chica).  
- "¡Por fin!  Eso es... para que haya justicia. Y ahora ¿para qué sirve la justicia?"
Todos empezábamos a estar molestos por esa actitud tan grosera.  Sin embargo, seguíamos respondiendo: 
"Para salvaguardar los derechos humanos"
- "Bien, ¿qué más?", (decía el profesor).
- "Para discriminar lo que está bien de lo que está mal"...
- Seguir...
- "Para premiar a quien hace el bien."
- Ok, no está mal pero... respondan a esta pregunta ¿actué correctamente al expulsar de la clase a Juan?....
Todos nos quedamos callados, nadie respondía.  
- Quiero una respuesta decidida y unánime.
- ¡¡No!! (dijimos todos a la vez).
- ¿Podría decirse que cometí una injusticia?
- ¡Sí!
- ¿Por qué nadie hizo nada al respecto? ¿Para qué queremos leyes y reglas si no disponemos de la valentía para llevarlas a la práctica? Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencia una injusticia. Todos. ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más! Vete a buscar a Juan (dijo mirándome fijamente).
Aquel día recibí la lección más práctica de mi clase de Derecho.
Cuando no defendemos nuestros derechos perdemos la dignidad, y la dignidad no se negocia.


viernes, 20 de julio de 2018

EL PURIFICADOR DE PLATA



Había un grupo de mujeres reunidas en su estudio bíblico semanal, y mientras leían el libro de Malaquías encontraron un versículo que dice:
"Y Él se sentará como fundidor y purificador de plata", (Mal 3,3)
Este verso les intrigó en gran manera acerca de qué podría significar esta afirmación con respecto al carácter y la naturaleza de Dios. Una de ellas se ofreció a investigar el proceso de la purificación de la plata. Esa semana la dama llamó a un Orfebre e hizo una cita para ver su trabajo. Ella no le mencionó detalles acerca de la verdadera razón de su visita, simplemente dijo que tenía curiosidad sobre la purificación de la plata.
Mientras observaba al orfebre sostener una pieza de plata sobre el fuego dejándolo calentar intensamente, él le explicaba que para refinar la plata, debía ser sostenida en medio del Fuego donde las llamas arden con más fuerza, para así sacar las impurezas. En ese momento ella imaginó a Dios sosteniéndonos en un lugar así de Caliente. Entonces recordó una vez mas el versículo:
"Y Él se sentará como fundidor y purificador de plata".
Le preguntó al platero si era cierto que él debía permanecer sentado frente al fuego durante todo el tiempo que la plata era refinada. El hombre respondió:
- ¡SI!. No sólo debo estar aquí sentado sosteniendo la plata, también debo mantener mis ojos fijamente en ella durante el tiempo que está en el fuego; si la plata fuese dejada un instante más de lo necesario sería destruida.
La mujer se mantuvo en silencio por un momento y luego preguntó:
-¿Cómo sabe cuando ya esta completamente refinada?. El sonrió y le respondió:
-Ah, muy simple: CUANDO VEO MI IMAGEN REFLEJADA EN ELLA.
Si hoy sientes el calor del fuego, recuerda que Dios tiene sus ojos puestos en tí y continuará observándote hasta que vea su imagen en ti.


miércoles, 18 de julio de 2018

Dios nos va modelando en la vida


Cómo templar el acero

Durante muchos años un herrero trabajó con ahínco, practicó la caridad, pero, a pesar de toda su dedicación, nada perecía andar bien en su vida; muy por el contrario sus problemas y sus deudas se acumulaban día a día.Una tarde, un amigo que lo visitaba, y que sentía compasión por su situación difícil, le comentó: "Realmente es muy extraño que justamente después de haber decidido volverte un hombre temeroso de Dios, tu vida haya comenzado a empeorar. No deseo debilitar tu fe, pero a pesar de tus creencias en el mundo espiritual, nada ha mejorado".
El herrero no respondió enseguida, él ya había pensando en eso muchas veces, sin entender lo que acontecía con su vida, sin embargo, como no deseaba dejar al amigo sin respuesta, comenzó a hablar, y terminó por encontrar la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero:
"En este taller yo recibo el acero aún sin trabajar, y debo transformarlo en espadas. ¿Sabes tú cómo se hace esto? primero, caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone al rojo vivo, enseguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo más pesado y le aplico varios golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada, luego la sumerjo en un balde de agua fría, y el taller entero se llena con el ruido y el vapor, porque la pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura.
Tengo que repetir este proceso hasta obtener la espada perfecta, una sola vez no es suficiente. "
El herrero hizo una larga pausa, y siguió: "A veces, el acero que llega a mis manos no logra soportar este tratamiento. El calor, los martillazos y el agua fría terminan por llenarlo de rajaduras. En ese momento, me doy cuenta de que jamás se transformará en una buena hoja de espada y entonces, simplemente lo dejo en la montaña de fierro viejo que ves a la entrada de mi herrería".
Hizo otra pausa más, y el herrero terminó: "Sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Acepto los martillazos que la vida me da, y a veces me siento tan frío e insensible como el agua que hace sufrir al acero. Pero la única cosa que pienso es: Dios mío, no desistas, hasta que yo consiga tomar la forma que Tú esperas de mí. Inténtalo de la manera que te parezca mejor, por el tiempo que quieras, pero nunca me pongas en la montaña de fierro viejo de las almas".

lunes, 16 de julio de 2018

¿Ventana o espejo



Saber mirar 

Parábola judía



Cuenta una antigua alegoría judía, que una vez un hombre muy rico fue a pedirle un consejo a un sabio rabino, pues, aún con sus riquezas, no conseguía el aprecio de la gente de su ciudad.
El rabino tomó su mano, lo acercó a la ventana y le dijo
     - "Mira"
El rico miró por la ventana a la calle.
El rabino le preguntó:
     - ¿Qué ves?
El hombre le respondió:
     - Veo gente
El rabino volvió a tomarlo de la mano y lo llevó ante un espejo y le dijo:
     - ¿Qué ves ahora?
El rico le respondió:
     - Ahora me veo yo
     - ¿Entiendes? En la ventana hay vidrio y en el espejo hay vidrio. Pero el vidrio del espejo tiene un poco de plata. Y cuando hay un poco de plata uno deja de ver gente y comienza a verse solo a sí mismo.
¿Vemos o nos vemos?
La plata no sólo es ese preciado metal cuyo símbolo es "Ag".
Tampoco es sólo tener dinero que me hace rico.
Soy rico porque Dios, o si prefieres la naturaleza, la sociedad o la suerte, me han dotado de dones: inteligencia, alegría, sensibilidad, fe,...
Si no comparto mi riqueza, sea la que sea, mi apellido será "avaro", mi vista no llegará más allá de donde llega mi piel y detrás del vidrio, sólo me encontaré a mí.
¿De qué me sirve tanto si me sobra tanta soledad?

Abriendo puertas sin miedo

En una tierra en guerra había un rey que causaba espanto: A sus prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una puerta inmensa de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre.
En esta sala les hacía formar un círculo y les decía: Ustedes pueden elegir entre morir a flechazos por mis arqueros o pasar por aquella puerta.......detrás de esa puerta YO LOS ESTARÉ ESPERANDO .........
Todos elegían ser muertos por los arqueros.
Al terminar la guerra un soldado que por mucho tiempo había servido al rey, se dirigió al soberano:
- Señor ¿puedo hacerle una pregunta?
- Dime soldado
- Señor: ¿que había detrás de la puerta?
EL REY CONTESTÓ: Ve y mira tú mismo!!
El soldado abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y la luz invadió el ambiente y finalmente, sorprendido descubrió que........ la puerta se abría sobre un camino que conducía a la LIBERTAD!!!!
El soldado embelesado miró a su rey, quién le dijo: Yo les daba la oportunidad de hacer una ELECCIÓN, pero por temor preferían morir a arriesgarse a abrir esa puerta!!
¿Cuantas puertas dejamos de abrir por el miedo a arriesgar?
¿Cuantas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros sueños?


sábado, 14 de julio de 2018

El árbol de los problemas


Había una vez....

El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se dañó y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.
Mientras lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.
Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación: Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos hijos y le dio un beso a su esposa.
Terminada la visita me acompañó hasta el carro. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que había visto un rato antes.
- “Oh, ese es mi árbol de problemas. Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego en la mañana los recojo otra vez“.
“Lo divertido es, que cuando salgo por la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior“.


A veces nos resulta muy difícil no llevar los problemas de un sitio a otro que no le corresponde. Problemas, nos vamos a encontrar, como dice el carpintero de nuestra historia, en todos los lugares, todos los días; es parte de nuestra naturaleza y del vivir en sociedad.
Será sano, para nuestra paz, convivencia y crecimiento, que los problemas se traten donde se dan y no en otro lugar. Deberíamos empeñarnos en buscar "nuestro árbol" o lo que sea, donde colgar y descolgar "nuestros problemas". Disfrutar cada noche de una bonita velada con la familia, en la comunidad y no disfrutar menos, cuando a la mañana siguiente, al ir a recoger "nuestros problemas" sintamos como algunos fueron trasportados por la suave brisa de la noche, que no dormía.
Mª Victoria (Charo) Alons

jueves, 12 de julio de 2018

Bajo la chimenea


Saber buscar

A los jóvenes que venían a su escuela por primera vez, Rabí Bunam les contaba la historia de Rabí
Ezequías, hijo de Rabí Jekel de Cracovia.

Después de pasar años y años en medio de la pobreza y la miseria que, sin embargo no le hicieron perder la confianza en Dios, un día recibió en sueños la orden de ir a Praga para buscar un tesoro bajo el puente que conduce al palacio real.
Al principio no le hizo caso, pero cuando el sueño se repitió por tercera vez, Ezequías se puso en camino y llegó a pie a Praga. Pero el puente estaba vigilado día y noche por centinelas que hacían guardia y él no se atrevió a ponerse a excavar en el sitio indicado. No obstante, volvía al puente todas las mañanas, dando vueltas a su alrededor hasta la noche.
Por fin un día, el capitán de la guardia real, que había notado su continuo ir y venir en torno al puente, se le acercó y le preguntó si había perdido algo o esperaba a alguien.
Ezequías le contó el sueño que lo había llevado hasta allí desde su lejano país.
El Capitán estalló en carcajadas:
     - Pero infeliz, ¿por hacer caso de un sueño has venido andando desde tan lejos y estás aquí perdiendo el tiempo? Estás fresco si te fías de los sueños!! Entonces también yo debería haberme puesto en camino y llegar hasta Cracovia, a casa de un judío, un tal Ezequías, hijo de Jekel, para buscar un tesoro que tiene bajo su chimenea...Ya ves, me vería dando vueltas por toda Cracovia, llamando a todas las puertas y poniendo patas arriba todas las casas en una ciudad donde la mitad de los judíos se llaman Ezequías y la otra mitad Jekel!! Y se echó a reír de nuevo.
Ezequías lo despidió muy cortésmente y volvió a su casa lo más rápido que pudo...buscó bajo la chimenea y encontró el Tesoro, lo desenterró y con él construyo la sinagoga del pueblo...
¿Sueñas? ¿Te atreves a soñar? ¿Crees en tus sueños? ¿Dónde buscas tu tesoro?
Párate un momento y piensa. Quizá no buscamos porque "soñar" es cosa de niños y de ilusos. Quizá estamos buscando en el lugar equivocado, recorriendo cientos, miles de kilómetros, ...
Entra en tu interior y allí, en lo escondido, escucha, mira, déjate mirar, ...

lunes, 1 de octubre de 2012

La parabola de la oveja perdida






 

viernes, 28 de septiembre de 2012

Los discipulos de Emaus










miércoles, 26 de septiembre de 2012

La parabola del buen samaritano





lunes, 24 de septiembre de 2012

miércoles, 12 de septiembre de 2012