domingo, 17 de febrero de 2019

Señor, líbranos de los agobios, prisas e impaciencias.
Querríamos alcanzar nuestras metas ya.
Nos gustaría quitar nuestros defectos de un día para otro.
Deseamos que los demás aprendan y cambien rápidamente.

En cambio, Tú, Señor, sabes que somos barro
y tienes una inmensa paciencia con todos:
con los que te conocemos y con los que te niegan,
con los que hacemos daño a los demás
y con los que se conforman con no hacer mal a nadie;
con los que retroceden y con los que se paran.
Nos invitas a avanzar hacia adelante,
pero no nos atropellas con amenazas y prisas.

Señor, dame paciencia conmigo mismo,
para que no me hundan mis limitaciones y pecados
y me ayuden a crecer en humildad y confianza en ti.

Dame paciencia para con los demás,
para que sepa aceptarlos y amarlos como son
para motivarles a crecer siempre.

Dame paciencia en mis trabajos y compromisos,
para que siembre con constancia y esperanza
sabiendo que toda semilla da fruto,
antes o después, de una manera u otra.
Amén.

sábado, 16 de febrero de 2019

Señor, cura mi mirada apresurada y superficial y ayúdame a contemplar con serenidad y a descubrir la profundidad de lo que acontece.

Transforma mi mirada pesimista y ayúdame a ver signos de bondad y esperanza en  mi vida, en mi comunidad, en el mundo.

No dejes que mire por encima del hombro y ayúdame a ver desde abajo, al lado de los más pequeños.

Ensancha mi mirada, tantas veces interesada, y ayúdame a ver el sufrimiento de los hermanos y mis posibilidades de ayudar.

Purifica mi mirada implacable y ayúdame a mirarme y a mirar con misericordia cuando me equivoco, cuando alguien no hace lo que debe.

Dame una mirada creyente, para descubrirte en mí, en la vida de los que me ayudan y me necesitan, en la belleza de la creación, en los acontecimientos más grandes y más sencillos, más alegres y más duros de la vida.

En fin, Jesús, ayúdame a mirarme, a mirar al Padre, a las personas y al mundo, con el mismo amor con que tú miras a todo y a todos. Amén.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Virgen Santa e Inmaculada, a Ti, que eres el orgullo de nuestro pueblo y el amparo maternal de nuestra vida, nos acogemos con confianza Renueva en nosotras el deseo de ser discípulas misioneras, que en nuestras palabras resplandezca la verdad, la justicia y la paz, que nuestras obras sean un canto de liberación, que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio. Eres toda belleza, María. En Ti se hizo carne la Palabra de Dios. Ayúdanos a estar siempre atentas a la voz del Señor: que no seamos sordas al grito de los pobres, que el sufrimiento de las y los oprimidos no nos encuentre distraídas, que ante la discriminación de tus hijas e hijos, no quedemos indiferentes, que amemos y respetemos siempre la vida humana. Eres toda belleza, María. En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios. Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo: que la luz de la fe ilumine nuestra vida, que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos, que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón, que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de amor y de paz.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Viernes I de Adviento

En aquel tiempo, al marcharse Jesús, le siguieron dos ciegos gritando: –Ten compasión de nosotros, Hijo de David. Al llegar a la casa se le acercaron dos ciegos y Jesús les dijo. –¿Creéis que puedo hacerlo? Contestaron: –Sí. Señor. Entonces les tocó los ojos diciendo: Que os suceda conforme a vuestra fe. Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: –¡Cuidado con que lo sepa alguien! Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca (Mt 9, 27-31).


—¿Creéis que puedo hacerlo?

¿Cómo hubieran acudido a Ti, Señor, y cómo clamarían tanto, si no estuviesen persuadidos de tu poder? Van dando voces y apelan a tu misericordia. No dudan de tu maravilloso e incomparable poder.
Y, sin embargo, Tú insistes en que reflexionen sobre su propia fe y no se dejan llevar de un ambiente general de entusiasmo. Tú reclamas en ellos la confianza personal e ilimitada.
¿Por qué puedes Tú y no pueden los demás? ¿Por qué puedes Tú y por qué llegas Tú allí, donde todos fracasan y no tienen nada que hacer?
Tú quieres que esa fe se convierta en una confianza y en una entrega a tu Persona. Que vean con los ojos de su corazón antes de ver con los ojos del cuerpo. ¿Para qué me servirían los del cuerpo Señor y Dios mío, si no iluminases los ojos de mi corazón?
Sí Señor, yo quiero verte con el corazón, quiero acercarme a Ti con todas las ansias de mi corazón, aunque mis manos vayan tentando torpemente por los obstáculos de la vida.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Jueves I de Adviento

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos –No todo el que me dice: «¡Señor, Señor!» entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa: pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cavó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente (Mt 7, 21. 24-27).


— Un hombre que edificó su casa sobre la roca.

Tú eres, Señor, la roca firmísima. El que edifica sobre Ti no temerá a los vientos, ni a las avalanchas de los ríos desbordados. El que edifica sobre la verdad de tu palabra, que no es como la palabra vana y voluble de los hombres.
Dichoso el que coloca los cimientos de su vida sobre lo que Tú has enseñado y cifra su esperanza en cuanto Tú has prometido.
Las contingencias de este mundo no podrán perturbar la serena seguridad de su espíritu. Y, si teme y vacila, señal es que no ha construido sobre tu palabra, sino sobre esperanzas humanas.
Dios mío, la experiencia ha venido a enseñarme cuántas veces se equivocan los hombres, por más sabios que sean y por grande que sea el crédito que se hayan conquistado por su ciencia o por su prudencia.
Por eso, es necio el que se fía ciegamente de las enseñanzas del hombre. Y más necio es el que se deja arrastrar por el corazón y confía ilimitadamente en la benevolencia o en el amor y promesas de la criatura.

Todo eso es arena movediza y Tú, Maestro sabio y bueno, me adviertes sobre qué roca he de fundamentar la fe y la esperanza de mi vida.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Miércoles I de Adviento


En aquel tiempo, Jesús se marchó de allí y, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él. Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies y él los curaba. La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: –Me da lástima de la gente porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas. No sea que se desmayen en el camino. Los discípulos le preguntaron: –¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente? Jesús les preguntó: -¿Cuántos panes tenéis? Ellos contestaron: –Siete y unos pocos peces. Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas. Los que comieron fueron cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños. Él despidió a la gente, montó en la barca y fue a la comarca de Magadán (Mt 15, 29-37).



—Llevan ya tres días conmigo…
¡Buen Maestro! Aquellas multitudes se sentían atraídas por tu persona y te seguían incansables. Tenían abandonadas sus casas y ocupaciones y ni siquiera se preocupaban del alimento necesario.
Era la esperanza, que tenían de encontrar en Ti el remedio para su enfermedad. Pero les cautivaba y atraía mucho más, aunque no se dieran cuenta, el misterio inefable de tu Divinidad.
Quizá muchos te busquemos con nuestros intereses pequeños de tierra, porque no sabemos otra cosa. Pero cuando te encontramos, de una u otra manera, Tú te apoderas del corazón y todo lo demás se olvida.
Jesús, yo te pido continuamente esta gracia única de encontrarte. En ella lo cifro todo. Encuentro muchas cosas que me atraen y después me decepcionan y hastían. Yo quiero encontrarte de verdad y ser envuelto por tu misterio.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Ejercicios Espirituales curso 2018-19

Programación de la Casa de Ejercicios de "VILLA PILAR".
Propuestas de retiros y ejercicios que pueden ayudar en el cuidado y crecimiento de quienes quieren dedicar un tiempo especial para releer la vida desde el silencio, la paz, el encuentro consigo y con Dios, en un ambiente de silencio y tranquilidad que favorece la reflexión y la oración.



jueves, 30 de agosto de 2018

Los obstáculos en nuestro camino


Hace mucho tiempo, un rey coloco una gran roca obstaculizando un camino. Entonces se escondió y miro para ver si alguien quitaba la tremenda roca. Algunos de los comerciantes mas adinerados del reino y cortesanos vinieron y simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino.

Entonces un campesino vino, y llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el piso y trato de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, lo logro. Mientras recogia su carga de vegetales, el noto una
cartera en el piso, justo donde había estado la roca. La cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino.

El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron. Cada obstáculo presenta una  oportunidad para mejorar la condición de uno.

Si alguna vez caes levántate y sigue adelante.

martes, 28 de agosto de 2018

Cuentos Misioneros "El lago"


El lago no es sólo un gran charco de agua. Hay otros elementos diversos y "personales" integrados en comunidad: la montaña, los árboles y arbustos, pájaros, patos, insectos... y más adentro, en lo profundo, los peces. En toda comunidad/lago se encuentran algunos de estos elementos.

Los ARBOLES: miran al lago de lejitos, se nutren de él pero no se mojan... Son los que ven actuar al grupo pero miran de afuera, no se animan a meterse mucho pues no sienten, no ven o no quieren compartir el compromiso misionero. No obstante, algunos colaboran con apoyo logístico para que el lago sea lo que debe ser.

Los PAJAROS: sobrevuelan la superficie, alegran con su canto, dan vida al paisaje. Pero también desde afuera. Dependen mucho del mundo exterior. Y si el lago no les ofrece todo lo que pretenden, vuelan a otro, y así, migratorios, más bien se sirven del lago de lo que procuran servirlo.

Los PATOS: si bien en la superficie la mayor parte del tiempo, sólo se meten zambulliéndose para alimentarse. Y son de temporadas...

Los TABANOS: ¡qué molestos ! Son los aguafiestas. Siempre zumbando alrededor. No saben alimentarse sin molestar. Opacan alegrías, sobreacentúan las tensiones, ponen los nervios "de punta", y cuando se posann sobre alguno, pican con dolor y hasta con posterior infección. Menos mal que duran poco, y si sopla un poco de viento fresco, no molestan más.

Los PECES: viven metidos en silenciosa convivencia, se mueven con libertad, son los dueños del lago, están como en su casa. Pocos los ven, aunque muchos saben de su presencia. Se nutren entre ellos y en su ambiente, y son también alimento para otros. No son tal vez muy astutos, pero sí útiles y mansos en su mayoría.

Cerca del lago, siempre está la MONTAÑA. Es el signo de la Espiritualidad del grupo misionero, el encuentro del hombre con Dios. Es la presencia de Dios, viva y firme.