jueves, 31 de marzo de 2011

Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros

Salmo de serenidad

Señor, sabemos que tú

has sido siempre para nosotros

un Dios fuerte y verdadero.

Los ídolos de este mundo

no pueden competir contigo.


Tú llenas nuestro corazón

y haces de nosotros

un pueblo vivo en la alegría,

testigos de tu amor eterno.


Gracias, Señor de la serenidad,

por alentar nuestros pies cansados,

por animarnos en la lucha.

Tú, Señor, amigo entrañable,

ayuda y protege a los pobres,

libera a todos los que se sienten

explotados y oprimidos.

No permitas que nos alejemos de ti.


Encamina nuestros corazones

hacia la vida verdadera,

hacia el amor sencillo.

Señor de la serenidad,

ayúdanos a encontrarte

en todos los baches del camino,

en todas las encrucijadas de la historia. Amén.

miércoles, 30 de marzo de 2011

No he venido a abolir la ley o los profetas, sino a dar plenitud.


Salmo para saborear

Gustad todos y ved
que el Señor es muy bueno
y se acerca a todos
para declararnos su amor.
Gustad su ternura,
aclamadlo por su bondad,
saboread su dulzura,
estrenad su ternura.

Gustad todos y ved
su amor inmenso,
sus ojos grandes para mirarnos,
sus palabras de vida.
Gustad todos y ved
que derrama esperanza
donde existe oscuridad,
sembrando alegría
donde se cultiva tristeza.

Gustad y ved,
experimentad constantemente
todo lo que el Señor nos ama.
Su vida nos la ofrece
para vivir siempre
en el gozo de su amor. Amén.

martes, 29 de marzo de 2011

¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?

Salmo de amistad

Creemos en ti, Señor,
en tu amistad ofrecida
a todos los hombres,
a los que incansablemente te acercas
y perdonas como amigo.
Tú eres el amigo verdadero,
el que siempre está dispuesto
a que nos reconciliemos contigo.

Cuando todo se cierra,
tú abres tus puertas,
y se te puede convencer
cuando se te habla
en lenguaje de amor.

Creemos en tu amistad,
creemos en tu perdón,
pues sabemos de verdad
que tú eres siempre amor.
Creemos que miras, Señor,
la inocencia y la rectitud
para sembrar esperanza
en medio del mundo.

Gracias Señor
por tu perdón generoso
porque de verdad eres bueno
y siempre nos amas. Amén.

lunes, 28 de marzo de 2011

Lo empujaron fuera del pueblo con intención de despeñarlo


Salmo en Nazaret


Cristo, amigo nuestro,
gracias por toda gracia
que salió de tu corazón,
como de tus manos salieron
la rosa y la gaviota.

Recordamos ahora Señor
tu fracaso ante tus paisanos;
te empujaron hacia afuera
a ti, que venías a ellos
para darte, como siempre.

Señor, Jesús,
fue en Nazaret
donde tú dijiste
que eras buena noticia
para todos los hombres.

Que habías venido
a proclamar
la liberación de los oprimidos,
el consuelo de los tristes.

No te creyeron, Señor,
y se lanzaron sobre ti;
tú te alejaste,
y no te despeñaron
porque no había llegado tu hora;
y tú te alejaste, Señor,
para acercarte con más brío
a todos nosotros. Amén.

domingo, 27 de marzo de 2011

Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna


Salmo con sed


Señor, buscamos en ti
el agua viva
para apagar nuestra sed.
Buscamos tu amor
como agua verdadera
para saciarnos con tu presencia.

Recordamos, Señor,
cómo tú
siempre has estado
sentado junto al pozo,
esperándonos.
A cualquier hora,
en cualquier momento,
tú nos esperabas
para llenarnos de vida.

Caminamos hacia ti
con hambre y sed.
Ayúdanos a vivir
sabiendo siempre
que el que bebe del agua viva
no tendrá sed jamás.

Ayúdanos a experimentar
que estamos llamados
a ser fuentes de agua
para nuestros hermanos sedientos. Amén.

sábado, 26 de marzo de 2011

“Si bebemos de las profundas aguas de tu amor y ya no tendremos sed”


Lectura del santo evangelio según san Juan (4,5-42):

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.

La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»

La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»

Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»

La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»

Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»

La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.»

Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»

En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»

Palabra del Señor



Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
San Juan (4, 5-42)


LA RELIGIÓN DE JESÚS

Cansado del camino, Jesús se sienta junto al manantial de Jacob, en las cercanías de la aldea de Sicar. Pronto llega una mujer samaritana a apagar su sed. Espontáneamente, Jesús comienza a hablar con ella de lo que lleva en su corazón.

En un momento de la conversación, la mujer le plantea los conflictos que enfrentan a judíos y samaritanos. Los judíos peregrinan a Jerusalén para adorar a Dios. Los samaritanos suben al monte Garizim cuya cumbre se divisa desde el pozo de Jacob. ¿Dónde hay que adorar a Dios? ¿Cuál es la verdadera religión? ¿Qué piensa el profeta de Galilea?

Jesús comienza por aclarar que el verdadero culto no depende de un lugar determinado, por muy venerable que pueda ser. El Padre del cielo no está atado a ningún lugar, no es propiedad de ninguna religión. No pertenece a ningún pueblo concreto.

No lo hemos de olvidar. Para encontrarnos con Dios, no es necesario ir a Roma o peregrinar a Jerusalén. No hace falta entrar en una capilla o visitar una catedral. Desde la cárcel más secreta, desde la sala de cuidados intensivos de un hospital, desde cualquier cocina o lugar de trabajo podemos elevar nuestro corazón hacia Dios.

Jesús no habla a la samaritana de «adorar a Dios». Su lenguaje es nuevo. Hasta por tres veces le habla de «adorar al Padre». Por eso, no es necesario subir a una montaña para acercarnos un poco a un Dios lejano, desentendido de nuestros problemas, indiferente a nuestros sufrimientos. El verdadero culto empieza por reconocer a Dios como Padre querido que nos acompaña de cerca a lo largo de nuestra vida.

Jesús le dice algo más. El Padre está buscando «verdaderos adoradores». No está esperando de sus hijos grandes ceremonias, celebraciones solemnes, inciensos y procesiones. Lo que desea es corazones sencillos que le adoren «en espíritu y en verdad».

«Adorar al Padre en espíritu» es seguir los pasos de Jesús y dejarnos conducir como él por el Espíritu del Padre que lo envía siempre hacia los últimos. Aprender a ser compasivos como es el Padre. Lo dice Jesús de manera clara: «Dios es espíritu, y quienes le adoran deben hacerlo en espíritu». Dios es amor, perdón, ternura, aliento vivificador…, y quienes lo adoran deben parecerse a él.


«Adorar al Padre en verdad» es vivir en la verdad. Volver una y otra vez a la verdad del Evangelio. Ser fieles a la verdad de Jesús sin encerrarnos en nuestras propias mentiras. Después de veinte siglos de cristianismo, ¿hemos aprendido a dar culto verdadero a Dios? ¿Somos los verdaderos adoradores que busca el Padre?

Deberías alegrarte porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado


Salmo del hijo pródigo

Me dijeron, Padre,
que lejos de ti
se encontraba la vida verdadera.

Me convencieron totalmente
para marcharme lejos
con rumbo desconocido
a los espacios infinitos.

Malgasté mi vida
sin conseguir lo que buscaba,
las cosas me decepcionaron,
no lograron en mí
ni un gramo de felicidad.

Una noche,
mirando estrellas,
me acordé de la casa de mi Padre,
de cuántos criados
de mi Padre tenían en abundancia
lo que yo ahora mendigaba.

Y me levanté
con el deseo de volver al hogar.
Cuando me acerqué,
mi Padre desde lejos me esperaba,
y me abrazó con toda su ternura,
y comprendí entonces
que no había dejado de amarme. Amén.

viernes, 25 de marzo de 2011

Se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará


Salmo para dar fruto

Estamos delante de ti,
Señor, con nuestra pobreza,
con nuestra pequeñez,
para que tú lo transformes en fruto de amor.

Si tú no estás con nosotros,
¿cómo podremos dar fruto?
Todo se acabará
como la noche oscura.

Ven, Señor, a nuestras vidas,
llénalas de amor
mirándolas con tu paz.
Haznos instrumentos de ti,
para sembrar alegrías,
para dar frutos de amor.
¿Qué sería de nosotros sin ti?
Todo acabaría muriendo.
Pues tú eres
el Dios de la vida.
Ahora, Señor,
déjanos experimentar
la esperanza de saber que,
unidos a ti,
como la vid al sarmiento,
daremos frutos de amor. Amén.

jueves, 24 de marzo de 2011

Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen.


Salmo de confianza

De ti, Señor, nos fiamos,
en ti confiamos siempre,
pues sabemos que tú
jamás abandonas
a todos tus amigos,
de los que cuidas
con infinita ternura.

Sabemos, Padre bueno,
de tus inmensos cuidados
para con el pájaro y la flor.
Sabemos, nos lo han contado,
de tus infinitos detalles
de delicadeza y amor
que vas sembrando por la vida.

Te damos gracias,
te alabamos siempre,
porque cuidas de los pobres,
de “los Lázaros” de este mundo,
de los que no traen nada.
Tú eres siempre
sabor a hogar y a pan
para los sin nada.

Ayúdanos a los pobres
a descubrirte a ti
que eres fortaleza. Amén.