jueves, 10 de marzo de 2011

NUESTRO CAMINO A LA CUARESMA


Ayunaré de juzgar a otros… Descubriré a Cristo que vive en ellos
Ayunaré de palabras hirientes… Diré frases sanadoras
Ayunaré del egoísmo… Viviré en gratuidad
Ayunaré de enojos… Procuraré vivir en paciencia
Ayunaré de pesimismo… Me llenaré de esperanza
Ayunaré de preocupacione… Confiaré más en Dios
Ayunaré de quejarme… Daré gracias a Dios por la maravilla de la vida
Ayunaré de la angustia… Oraré con más frecuencia
Ayunaré de la amargura… Practicaré el perdón
Ayunaré de darme importancia a mí mismo… Seré compasivo con los demás
Ayunaré de ansiedad sobre mis cosas… Me comprometeré en la propagación del Reino
Ayunaré de desalientos… Me llenaré del entusiasmo de la fe
Ayunaré de todo lo que me separe de Jesús… Intentaré vivir muy cerca de Él

miércoles, 9 de marzo de 2011

HOY COMIENZA EL TIEMPO DE CUARESMA

Durante el Adviento recorrimos un tiempo de "esperanza" que se vio fortalecida e iluminada con la Navidad, tiempo de "alegría", de promesas cumplidas.

Ahora, con una esperanza más firme, con una alegría más plena, estamos preparados para entrar en una nueva etapa: La Cuaresma.
Un tiempo para descubrir, a la luz del Evangelio, la humanidad de Jesús, la fortaleza del que siempre confió en el Padre para vencer las tentaciones y las dificultades de la vida; los ratos que se retiraba para orar, para hablar con el Padre, la coherencia y fidelidad con su misión: Mostrarnos cómo es Dios, cómo nos quiere Dios.
Siguiendo los pasos de Jesús, "que pasó por el mundo haciendo el bien", vamos a aprovechar una nueva oportunidad en este tiempo de Cuaresma, entrar dentro de nosotros mismos, descubrirnos, y con la sencillez de un niño, que nada puede él solo, nos acercamos al Señor con nuestras debilidades, miedos, pecados; y con la ilusión de un niño, trataremos de ir cambiando, de ir creciendo a la luz de la Buena Noticia de Jesús.
Hoy también es Buena y Nueva Noticia para cada uno de nosotros.
Limosna, ayuno, oración. Al comienzo de la Cuaresma es bueno preguntarse el porqué: ¿Cuáles son mis objetivos y deseos en la vida?, ¿qué sentido encuentro en lo que hago?, ¿qué recompensa espero?
El desprendimiento, la ascesis, la penitencia no tienen valor en sí mismos. Pero dan fruto. Tienen consecuencias y dejan huellas.
El profeta Joel, dice que con Dios es lo mismo. Si castiga demasiado severamente a su pueblo, se arriesga a que se diga: "Dónde está tu Dios? ¿Existe de verdad?". Por eso, parece sugerir el profeta, "le conviene" ser misericordioso.
¿Qué recompensa esperamos? ¿De quién esperamos la recompensa? Quizás nos dé vergüenza plantearnos estas preguntas. ¿La espero de los seres humanos?. Una buena reputación, figurar, que se hable de mí...
¿La espero de mí mismo? La satisfacción del trabajo bien hecho, la libertad frente al dinero y la comodidad, un mayor conocimiento de mí mismo y de mi vida interior...
¿De mi Padre que ve en lo escondido? Jesús nos invita a esto último: la discreción, la intimidad, la vida interior bajo la mirada amorosa del Padre

MIÉRCOLES DE CENIZA

 
REFLEXIÓN Y ORACIÓN
Hoy, miércoles de Ceniza, la Palabra refiere a un continuo e intenso pregón. Aparece el pregón del profeta Joel para que nos convirtamos lealmente, con todo el corazón, al Señor.
Nos habla el pregonero o embajador de Cristo, Pablo, para que nos dejemos reconciliar con Dios.
Nos habla el definitivo pregón de Dios que es Jesús.
Viene la Cuaresma, tiempo de gracia y oportunidad para el cambio. Tiempo de vivir para Dios, no para el propio egoísmo, no haciendo ostentación de nuestras prácticas religiosas de ayuno, oración y limosna, no ansiando el aplauso ni los miramientos...., sino buscando el encuentro íntimo con Dios, el cara a cara con Dios, nuestro Padre, que está en lo escondido. Él sabe mirar el corazón de sus hijos y con su amor nos recompensa con creces.
- Señor, que no malogremos esta ocasión que la Iglesia nos brinda para volvernos a ti y a nuestros semejantes. Limpia nuestros ojos y nuestro corazón para que podamos encontrarte a ti como Padre y a los demás como hermanos nuestros e hijos tuyos.
Vivimos en cambio
Amigos, vivimos en un auténtico proceso de profunda transformación y de cambio. Esto lo están advirtiendo no sólo nuestras autoridades de la Iglesia, sino también muchos pensadores y filósofos actuales, cuando nos dicen que, poco a poco, nuestra sociedad, y nosotros mismos, nos estamos olvidando de los valores y de los principios que debieran regir nuestra existencia. Sólo nos preocupa vivir; y hacerlo con toda ansia, cuando no hace tanto andábamos tan inquietos y preocupados, salpicándolo todo de ideología.
Realmente, esto es una crisis, es un cambio de una situación a otra. No debemos olvidar nunca que la vida es un cambio permanente. Para hacer frente a este cambio, no nos basta sólo transformar las apariencias, cambiar las condiciones externas, estamos necesitados, sobre todo, de una «reconversión».
La vida cristiana también es cambio
Nuestra vida cristiana no puede ser una excepción. Si es vida, está sujeta al cambio y tiene que ser objeto, por tanto, un proceso de conversión continuo. La vida cristiana es el «paso» con Cristo, una especie de lento y doloroso nacimiento, algo nuevo que está llamado a nacer cada día.
Estamos llamados, amigos, a una transformación, a un giro radical, a una forma nueva de vivir; a dejar nuestra vieja personalidad revestida de pecado y a vestirnos de la nueva personalidad de la gracia. Pero aquí Dios tiene la iniciativa. Él es quien nos invita a esta tarea. Él es quien nos propone como modelo a su propio Hijo. Y Él mismo es quien nos da las fuerzas necesarias para realizarlo.
La conversión es personal y comunitaria
Esta es una exigencia personal y comunitaria. «Convertios... Convocad asamblea...», acabamos de escuchar en las lecturas que la Iglesia nos propone en esta celebración como Palabra de Dios. Por eso, hemos de escuchar y acoger esta llamada como algo serio y urgente, pues se trata de ser honestos con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Y lo hemos de hacer como comunidad de pecadores que somos, como pueblo llamado a hacer verdad la fe de nuestro bautismo, que fue pascua, «paso» de la muerte a la vida. Pero también, aunque dentro de la comunidad, cada uno personalmente somos urgidos a lo mismo:

«Cuando ayunes... Cuando hagas limosna...».
Pero, ¿conversión a qué o a quién?
Pero, ¿convertirnos, a qué? «Convertíos y creed en el Evangelio», escucharemos en el momento de la imposición de la ceniza sobre nuestras cabezas. Y bajo esas palabras no se oculta una conversión meramente moral, ni se trata, mucho menos, del cumplimiento de unas prácticas rituales y exteriores, con su carga de fariseísmo. Se trata de convertirnos por la fe, a Jesucristo. Conocer, por el trato en la oración, por la lectura del Evangelio, a Jesús. Él es el objeto de toda conversión.
La Cuaresma se hace con El, porque, de otro modo, la Pascua pierde sentido.
Cuaresma, tiempo de conversión
Esta conversión a Jesucristo provocará un cambio fundamental, «radical», en nuestras vidas. Una nueva manera de ver y de sentir; de comportarnos ante los conflictos, ante el poder; el dinero, el dolor... y, sobre todo, ante el prójimo.
Cristo es el que nos hizo pasar; a través de las aguas bautismales, de la muerte a la vida y el que ahora nos mueve a este nuevo y permanente «paso», que lo iremos explicitando a lo largo de estos domingos de Cuaresma, con nuestra vista fija en la Pascua de Resurrección.
No lo olvidemos, amigos, si queremos vivir la Cuaresma como tiempo de gracia, es el momento de nuestra conversión y de no echar en saco roto el inmenso, misericordioso y gratuito don de Dios.

Miércoles de cenizas

Cuaresma




Mensaje  Completo: http://www.zenit.org/article-38356?l=spanish

martes, 8 de marzo de 2011

El hombre de las manos atadas


Érase una vez un hombre como todos los demás. Un hombre normal. Tenía cualidades positivas y negativas. No era diferente. Una noche, repentinamente, llamaron a su puerta. Cuando abrió, se encontró a sus enemigos. Eran varios y habían venido juntos. Sus enemigos le ataron las manos. Después le dijeron que así era mejor, que así, con sus manos atadas, no podría hacer nada mal. (Se olvidaron de decirle que tampoco podría hacer nada bueno). Y se fueron dejando a un guardián a la puerta para que nadie pudiera desatarle. Al principio se desesperó y trató de romper las ataduras. Cuando se convenció de lo inútil de sus esfuerzos, intentó poco a poco acomodarse a su nueva situación. Poco a poco consiguió valerse para seguir subsistiendo con las manos atadas. Inicialmente le costaba hasta quitarse los zapatos. Hubo un día en que consiguió liar y encender un pitillo. Y empezó a olvidarse de que antes tenía las manos libres. Mientras tanto, su guardián le comunicaba, día tras día, las cosas malas que hacían en el exterior los hombres con las manos libres. (Se le olvidaba también decirle las cosas buenas que hacían esos mismos y otros hombres con las manos libres). Pasaron muchos años. El hombre llegó a acostumbrarse a sus manos atadas. Y cuando su guardián le señalaba que gracias a aquella noche en que entraron a atarle, él, el hombre de las manos atadas, no podía hacer nada malo (no le señalaban que tampoco podía hacer nada bueno), el hombre empezó a creer que era mejor vivir con las manos atadas. Además estaba tan acostumbrado a las ligaduras ...

Pasaron muchos, muchísimos años... Un día, sus amigos sorprendieron al guardián, entraron en la casa y rompieron las ligaduras que ataban las manos del hombre.
"¡¡Ya eres libre!!", le dijeron.
Pero habían llegado demasiado tarde. Las manos del hombre estaban totalmente atrofiadas.

Salmo de una herida


Cuando el Señor

se acercó a nosotros

en el camino de la vida,

él se volcó en cada uno,

sus heridas nos curaron.


Vino como mesías

a decirnos que Dios nos ama,

que no está lejos.

Nos enseñó

el camino de la entrega,

la verdad del amor,

la vida verdadera.


Él nos mostró

que se debe continuar

amando hasta el extremo.

Nos habló de su muerte

para la vida del mundo,

nos dijo que el amor

vence todas las dificultades.


Cuando se acercaba su hora,

se entregó al Padre,

se dejó en manos de los hombres.

Su herida de amor

fue amar hasta el final. Amén.

¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?

Salmo de una herida Cuando el Señor se acercó a nosotros en el camino de la vida, él se volcó en cada uno, sus heridas nos curaron. Vino como mesías a decirnos que Dios nos ama, que no está lejos. Nos enseñó el camino de la entrega, la verdad del amor, la vida verdadera. Él nos mostró que se debe continuar amando hasta el extremo. Nos habló de su muerte para la vida del mundo, nos dijo que el amor vence todas las dificultades. Cuando se acercaba su hora, se entregó al Padre, se dejó en manos de los hombres. Su herida de amor fue amar hasta el final. Amén.

sábado, 5 de marzo de 2011

Tu palabra es la roca que nos salva

Lectura del santo evangelio según San Mateo (7,21-27):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día, muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?” Yo entonces les declararé: “Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»
Palabra del Señor



Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
San Mateo (7,21-27)

 LA FUERZA DEL EVANGELIO

Mateo concluye el gran discurso de Jesús en una montaña de Galilea con dos breves parábolas, narradas con maestría y fáciles de recordar por todos. Su mensaje es de importancia decisiva: seguir a Jesús consiste en «escuchar sus palabras» y en «ponerlas en práctica». Si no lo hacemos así, nuestro cristianismo es una insensatez. No tiene sentido alguno.

El hombre sensato construye su casa sobre roca firme. Por eso, cuando llegan las lluvias torrenciales del invierno y el agua desciende de los montes y soplan los fuertes vientos del Mediterráneo, la casa no se hunde: «está cimentada sobre roca». Así es la Iglesia formada por creyentes que se esfuerzan por escuchar el Evangelio y ponerlo en práctica.
El hombre necio, por el contrario, construye su casa sobre arena, en el fondo del valle. Por eso, al llegar las lluvias, los aluviones y el vendaval, la casa «se hunde totalmente». Así se desmorona el cristianismo cuando no está fundamentado en la roca del Evangelio, escuchado y practicado en las comunidades.
En la conciencia moderna se ha producido un profundo cambio cultural que está poniendo en crisis el nacimiento y la vivencia de la fe cristiana. Cada vez se va haciendo más difícil despertar una fe viva en Dios y en Jesucristo por vía de “adoctrinamiento”. Señalemos dos causas fáciles de detectar.
Por una parte, está en crisis la autoridad, toda autoridad. Es difícil que la fe brote hoy de la obediencia a una autoridad religiosa que se presente como poseedora de la verdad. La palabra que pronuncia la Iglesia desde su posición de autoridad sagrada no resulta hoy por sí misma ni creíble ni atractiva.
Por otra parte, más que doctrina religiosa, las personas buscan una experiencia que les ayude a vivir con sentido y esperanza. Muchos hombres y mujeres se distancian casi instintivamente de cualquier iniciación a la fe entendida como “proceso de aprendizaje”.
Hemos de creer mucho más en la fuerza transformadora del Evangelio. Las palabras de Jesús tienen más poder que nuestras doctrinas. Su Buena Noticia es más atractiva que todos nuestros sermones. ¿No ha llegado el momento de formar grupos, crear espacios, posibilitar encuentros en los que la gente de hoy tenga la oportunidad de entrar en contacto directo con el Evangelio para escuchar a Jesús y descubrir juntos su Buena Noticia?
Muchos que se sienten perdidos y viven sin esperanza podrían descubrir con alegría que no están solos, que pueden confiar en un Dios Padre y que pueden vivir con la esperanza de Jesús. Es lo que más necesitan.

jueves, 3 de marzo de 2011

Fue, se lavó y volvió con vista.


Salmo de luz


Clamamos a ti

como ciegos, Señor,

en la vida nuestra.

Lávanos los ojos

para que recobremos la vista

y podamos ver la luz.


Queremos verte, Señor,

contemplar tu rostro

dolorido en los hermanos,

hambrientos en los pobres,

cansado en los desahuciados.


Danos tu luz

para caminar

por sendas de esperanza.

Danos tu luz

como un amanecer

después de la noche fría.


Danos tu luz, Señor,

para purificarnos del pecado

y hacer de nuestra vida

un encuentro de amor,

entregándonos a todos,

y ayudando a los ciegos

a ver la luz del amor. Amén.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Dos hombres subieron al templo a orar. El publicano bajó justificado, pero el fariseo no.


Salmo de un pecador


Delante de ti, Señor de la vida,

bajo el peso de mis pecados

me acerco a ti,

porque sé que eres rico en misericordia.


Ya sé que no soy bueno,

que muchas veces me alejo de ti

y falsifico el amor.

Sé, Señor, y me pesa

la multitud de veces

que recorro caminos fáciles

y no elijo la senda estrecha.


Por eso te grito en mi noche,

para sentir tu protección y ayuda

cuando mi vida está en peligro.

Te llamo como Padre,

te invoco como amigo,

pues realmente

soy un pobre pecador.


Confío en ti, Señor,

a pesar de mis fracasos,

Sé que tú estás cerca,

y no me abandonas jamás.

Aunque soy un pecador,

mi confianza en ti aumenta. Amén.