viernes, 14 de mayo de 2010

LA CARIDAD

Flor: el Crisantemo

En este santuario veneramos a María santísima con el título de la Virgen del Amor Divino. De este modo puede verse con toda su luz el lazo que une a María con el Espíritu Santo, desde el inicio de su existencia, cuando en su concepción el Espíritu, el Amor eterno del Padre y del Hijo, habitó en ella y la preservó de toda sombra de pecado; después, cuando el mismo Espíritu hizo nacer en su seno al Hijo de Dios; y luego, durante toda su vida, a través de la cual, con la gracia del Espíritu, se realizó en plenitud la palabra de María: "He aquí la esclava del Señor"; y finalmente, cuando con la potencia del Espíritu Santo, tuvo lugar la asunción de María al Cielo con toda su humanidad concreta junto al Hijo en la gloria de Dios Padre

"María --he escrito en la Encíclica "Deus caritas est"-- es una mujer que ama… Como creyente, que en la fe piensa con el pensamiento de Dios y quiere con la voluntad de Dios, no puede ser más que una mujer que ama" (n. 41). Sí, queridos hermanos y hermanas, María es el fruto del signo del amor que Dios tiene por nosotros, de su ternura y de su misericordia. Por este motivo, junto a nuestros hermanos en la fe de todos los tiempos y lugares, nos dirigimos a ella en nuestras necesidades y esperanzas, en las vicisitudes alegres y dolorosas de la vida. Mi pensamiento se dirige en este momento con profundo sentimiento a la familia de la isla de Isquia, golpeada por la tragedia de ayer.

Benedicto XVI

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