sábado, 16 de abril de 2011

Os conviene que uno muera por el pueblo, y que no parezca la nación entera

Salmo al Dios vivo
Tú, Señor, nos llamas,
nos convocas
para encontrarnos contigo
a lo largo de la vida.
Tú nos acechas
para hacernos felices.

Eres un Dios desconcertante,
a nada se te puede comparar,
tú vas a la cruz
sabiendo que es el amor
el que te mueve,
con esas ansias redentoras
que bullen en tu corazón.

Señor, alegría desde mi juventud,
acércate a mí,
aunque sea de puntillas,
y al oído
susúrrame con voz silenciosa
que nos quieres de verdad.
Ayúdanos a perseverar
con la cruz de cada día
para entregarnos siempre. Amén.

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